La corona solar es la capa más externa de la atmosfera solar y, en consecuencia, del Sol. Puede llegar a tener un grosor de uno o dos radios solares (es decir, es enorme). Y es lo que observamos en un eclipse de Sol total: la luna cubre perfectamente la esfera solar, ya que nuestro satélite y el Sol tienen la misma abertura angular, pero no llega a tapar la corona y esa es la luz que vemos.

Hasta aquí, todo normal: una capa más del Sol que, como todo él, emite luz. Pero lo más llamativo e increíble es su temperatura. La fotosfera, 1a capa de la atmosfera solar, tiene una temperatura de unos 6000 grados, la que se llama normalmente “Temperatura superficial del Sol”. En cambio la corona, más alejada, debiera ser más fría. Pues no: su temperatura es del orden del MILLÓN de grados. Del mismo orden que el propio núcleo del Sol, vaya.
Cómo se explica esta altísima temperatura durante y a una distancia tan grande? Pues me gustaría saberlo con certeza, pero creo que es un hecho del que actualmente aún se desconoce el porqué. Por eso os adjunto un trozo de artículo de:
Teodoro Roca Cortés
Catedrático de Astrofísica de la Universidad de La Laguna
Instituto de Astrofísica de Canarias
“No obstante, ¿cómo es posible que existan capas externas tan calientes?; de hecho, la corona, ¿es tan caliente como el interior solar?. Esta pregunta que empezaron a plantearse los físicos solares en los años 50, sólo comienza a ser contestada con certeza en la actualidad tras los experimentos a bordo de SOHO. Tenemos ya evidencias certeras de que el calentamiento se produce por la energía que transportan ondas de tipo acústico y otras asociadas al campo magnético, producidas en las capas situadas más abajo, cercanas a la superficie.
Imagen de un eclipse de Sol en luz blanca, obtenida por el Dr. F. Baudin ) del Instituto de Astrofísica espacial de París) desde Irán en 1999 con un filtro neutro especial variable. Esta luz proviene de la fotosfera, o superficie solar, y es dispersada por los electrones presentes en la corona.
Imagen en el UV compuesta obtenida por dos instrumentos a bordo de SOHO: el UVCS, espectro-coronógrafo (parte externa) y EIT, telescopio (parte interna). Es cortesía de SOHO (ESA-NASA). La imagen interna obtenida gracias a la emisión de luz de átomos de hierro (11 veces ionizado a cerca de 2 millones de grados); obsérvese las áreas oscuras (agujeros coronales) casi de un polo a otro, por donde escapa el viento solar más rápido. En la imagen externa más allá de una vez y media el radio solar, a partir de luz la emiten átomos de oxígeno (cinco veces ionizado) que son acelerados, en este intervalo, a velocidades supersónicas para escapar hacia el medio interplanetario.
Los rayos X emitidos en la corona se producen básicamente por los electrones acelerados y no en transiciones energéticas en átomos. Estos electrones acelerados se mueven tan rápido que no pueden ser capturados por los iones presentes, sino que interaccionan con los protones cambiando de trayectoria. El movimiento de los componentes en la corona está determinado fundamentalmente por el campo magnético producido en el interior solar, que aparece allí en formas de bellos arcos en los que quedan atrapadas las partículas. Donde quiera que el campo magnético no existe o queda en configuración libre (por ejemplo, en los agujeros coronales) su densidad es menor y por allí escapa el plasma hacia el medio interplanetario en el viento solar.
Volviendo a la corona, los electrones pueden ser acelerados por las fulguraciones solares a velocidades próximas a la de la luz que, cuando caen hacia capas inferiores más densas, chocan violentamente contra ellas produciendo emisiones intensas de rayos X. Hace tan sólo unas semanas, a principios del mes de abril, SOHO registró la fulguración solar más intensa jamás detectada. En este tipo de sucesos, no sólo se libera una enorme cantidad de energía, sino que los electrones y protones acelerados escapan del Sol pudiendo llegar a la Tierra en un solo día y penetrar en su atmósfera por los polos magnéticos, el punto más débil del caparazón magnético antes descrito. Afortunadamente, en el caso antes mencionado, la fulguración no estaba dirigida hacia la Tierra.”
Así que el interés por el estudio de la corona solar y del Sol en general ya no es meramente científico, sino que debería ser considerado de interés general, por ser importante en el devenir de nuestra civilización y decisivo en la posible futura expansión hacia otros sistemas.