El título del blog viene a cuento de una de las frases más famosas de Albert Einstein. Mientras descubría la teoría cuántica (él dio uno de los primeros pasos al predecir el efecto fotoeléctrico) y se daba cuenta que el determinismo hasta ese momento existente se derrumbaba, cometió un gran error. Inexplicablemente no quiso verlo y afirmó que “Dios no juega a los dados” en referencia a que lo azaroso no tenía cabida en la explicación racional de la naturaleza. El tiempo (y Planck y Schrödinger, entre otros) no tardó mucho en demostrar que estaba equivocado, y que en realidad todo fenómeno físico conocido está regido por un factor azaroso intrínseco. Eso nos incapacita para predecir, pues hay posibilidades de que los hechos cojan otros caminos obedeciendo a los caprichos del azar. Lo que sí podemos hacer es conocer esos distintos caminos. En la naturaleza, y eso nos incluye a los humanos, ocurre lo mismo. Nuestro comportamiento a veces es tan impredecible como el movimiento de un electrón alrededor de un protón.
También me gustan las cosas terrenales y sobre ellas voy a escribir. En cuanto me deshaga de los exámenes.
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